Nelly Arenas

Con esta aparente pregunta simple,  Giovanni Sartori  dio título a una de sus más completas y lúcidas obras sobre  la democracia.

La interrogante está sometida a la posibilidad de infinitas respuestas. En estas sucintas líneas  nos atendremos a algunas reflexiones producidas en el ámbito de la academia sin perder de vista que en este campo  la mirada es múltiple y compleja. Comúnmente la respuesta que se le da a la pregunta de marras, se atiende rápidamente con la escueta frase gobierno del pueblo, siguiendo el origen etimológico de la palabra: demos (pueblo) Kratos (gobierno). Pero  la democracia es mucho más que el ambiguo gobierno del pueblo. La democracia es un cúmulo de experiencias políticas, de instituciones y valores, de culturas políticas, así como un tipo de sociedad que rebasa con mucho el significado literal de la palabra, como ha indicado Robert Dahl.

En cualquier caso, el término democracia se ha referido a través del tiempo a una entidad política; una forma de Estado y de gobierno.

El problema con la definición tradicional de la democracia como gobierno del pueblo empieza, según Sartori, cuando la entidad pueblo es vinculada  con el poder: ¿cómo es que el pueblo puede ser un detentador efectivo de aquel poder del que es declarado titular?, se interroga Sartori. Responderlo en la Grecia antigua era menos complicado. En efecto, el pueblo o, mejor dicho, la Polis, era quien ejercía el gobierno a través de variados instrumentos como la Ekklesia, asamblea que reunía al conjunto de ciudadanos y decidía sobre los principales asuntos de la ciudad. Los cargos ejecutivos se determinaban por sorteo, no por elecciones, y se ocupaban por cortos periodos de tiempo.  Por esta razón, su titularidad era objeto de rotación  frecuente.

Como se sabe, la experiencia griega, dio paso a otro experimento de democracia: la de la república Romana la cual implicó la creación de un modelo mixto de gobierno delineado por un senado  conformado por los patricios (aristócratas) y un cuerpo popular de contrapeso constituido por los plebeyos, cuya facultad fundamental era vetar las decisiones del senado. Este difícil equilibrio, terminó por romperse derivando finalmente en la dictadura vitalicia de Julio César. Este modelo implicó una democracia menos directa que la griega, pero,  en todo caso, esa fórmula basada en la toma de decisiones cara a cara  se diluyó en el tiempo; en el espesor de dos mil años.  Durante este largo lapso histórico el término democracia no fue bien acogido; al contrario, fue más bien repudiado pues recordaba el experimento griego de democracia directa el cual sucumbió precisamente por un exceso de democracia.

Sin embargo, a partir de mediados del siglo XIX, y en adelante,  la palabra democracia alcanza un significado  honroso perdiendo su antigua connotación. ¿Cómo fue posible este viraje? La respuesta consiste en que la democracia de los modernos, la vigente hasta hoy día, no es la misma que practicaron los antiguos. La actual es la liberal democracia; aquella que tiene como presupuestos los principios sustentadores del liberalismo; gobierno representativo acompañado de principios democráticos encarnados en  la participación ciudadana.  Frente a la variedad de tipos teóricos de democracia, la teoría de la democracia en singular, está dividida exclusivamente por la “discontinuidad que separa la democracia de los antiguos de la democracia de los modernos y esta última es fundamentalmente una: la teoría de la democracia liberal”, en palabras de Sartori.

Y es que, en la medida en que las sociedades alcanzaron mayor densidad poblacional, haciéndose  más complejos y diversificados sus intereses, no fue posible la continuidad de un modelo democrático de participación directa. De manera que el sistema político representativo, fue un hecho inevitable producto de la evolución social. La  representación, como elemento central del  liberalismo político, se combina con el respeto a los derechos individuales (ausentes totalmente en la democracia de los antiguos) y  un sistema de limitación y control del poder. Como se sabe, estos principios deben mucho a John Locke (1632-1704) cuya obra fue decisiva en la construcción de la democracia moderna. Para el filósofo inglés, toda autoridad legítima emerge del consentimiento del pueblo y los gobiernos deben actuar conforme a la ley.

Las democracias de hoy son poliarquías. ¿Qué significa esto? La poliarquía sugiere un tipo de gobierno que se traduce en “muchos” a diferencia de la monarquía que alude al poder de “uno”. En pocas palabras, la poliarquía implica la participación ampliada en las tareas públicas, así como la tolerancia a los factores opositores.  La poliarquía remite a la existencia de un sistema político libre y abierto.

La democracia produce consecuencias notables como: evitar la tiranía, garantizar los derechos esenciales y la libertad general; posibilitar la autodeterminación, la autonomía moral, el desarrollo humano y la protección de los intereses personales así como la igualdad política.  Además de la búsqueda de la paz y la prosperidad económica, según Robert Dahl.  Es la democracia el único sistema en el cual, históricamente, los ciudadanos   pueden aspirar a concretar estos valores sin que por ello se les persiga y castigue.

¿Cuándo existe democracia? Parafraseando a Sartori, existe  democracia cuando la sociedad es libre, no está sometida por un poder político discrecional exento de control, ni sojuzgada por una  élite cerrada. Existe democracia cuando los gobernantes responden a los gobernados y el vínculo entre ambos se entiende en el sentido de que el Estado está al servicio de los ciudadanos y no los ciudadanos al servicio del Estado.

Sin embargo, entre lo que se pretende que  sea la democracia y lo que realmente es,  hay un trecho largo.  Esta brecha, que no es ninguna novedad pues acompaña a las democracias modernas desde su nacimiento, cobra mayor extensión en estos tiempos signados por la desconfianza de los ciudadanos respecto de las  mediaciones en general, y de quienes ejercen la política en calidad de representantes, en particular. De  manera que estamos viviendo en estos tiempos una  “democracia irritada”, para usar la acertada calificación de Daniel Innerarity.  Este fenómeno, como se sabe, ha estimulado  la emergencia de liderazgos populistas de inclinación autoritaria como el de Donald Trump, por solo nombrar un caso reciente y de la mayor trascendencia.

Este desencanto con la política y sus representantes, se ha intensificado  en el contexto de la era digital. En su último trabajo, Nexus, Yuval Harari se pregunta si puede la democracia liberal sobrevivir en el presente siglo. Una amenaza a la misma, radica hipotéticamente en que la nueva red informática extermine nuestra privacidad y se apropie del conocimiento de todas nuestras acciones: lo que pensamos y lo que hacemos. El hecho de que el gobierno o una compañía sepa más de mí que yo mismo y de que microgestione todo lo que hago o pienso,  puede proporcionar un control totalitario sobre la sociedad, especula Harari. Esta idea, que pareciera extraída del terreno de la ficción, comienza  a ser objeto  de preocupación de algunos estudiosos de la democracia.

Con relación al tema,  Innerarity argumenta que los algoritmos despolitizan pues  dificultan o impiden el tratamiento político de sus resultados; toman decisiones por nosotros sin que lo sepamos o consintamos lo que de suyo plantea un serio problema para la convivencia democrática. Un parlamento para los algoritmos sería el espacio para que los mismos formaran parte de la deliberación pública logrando de este modo  politizar lo que ahora está despolitizado.

Frente a amenazas como la del colapso de las democracias en el mundo en manos de liderazgos autoritarios o  de dictaduras digitales, urge, sin duda, defender la democracia lo que, de acuerdo a  Adam Przeworski,   requiere un programa positivo y con visión de futuro para reformarla.

Dahl, Robert (1999) La democracia.  Una guía para los ciudadanos

Taurus, México.

Harari Yuval Noah (2024) Nexus Penguin Random House, Barcelona.

Innerarity, Daniel (2023  ) La libertad democrática Galaxia Gutenberg, Barcelona.

Przeworski, Adam (2024) “Defender la democracia” Nexo, 27-02

Sartori, Giovanni (1994) ¿Qué es la democracia? Altamir ediciones, Bogotá.

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